En el exterior de las casas continúa la vida: patios en sombra para el primer café, una piscina privada para las horas de calor y jardines donde la cena se alarga hasta que cae el sol sobre Sierra Blanca. Nada se comparte con otros huéspedes.
Una piscina privada de agua salada para las horas de calor: un baño antes del desayuno, la siesta a la sombra de una sombrilla, los niños en el agua hasta que se hace de noche. El punto de encuentro de la casa en los días largos de verano.
Bajo el toldo, la barbacoa reúne a todos en torno al fuego: un bar con máquina de hielo para el aperitivo, un gran comedor para que nadie se quede fuera de la mesa y sofás para la sobremesa, cuando cae la noche y refresca el jardín.
Cal, barro cocido, albero y el sonido del agua. Los patios son el lugar donde la casa respira: frescos por la mañana, encendidos de faroles al caer la noche.
Espacio para que los niños corran y, para los mayores, una tumbona bajo los árboles y un libro. Los jardines rodean las casas y se pierden hacia los pinos de La Virginia, con Sierra Blanca al fondo.
Bajo el porche, abierto al jardín, esperan el futbolín, la mesa de ping-pong y la diana. Los más pequeños tienen su área infantil al aire libre, con columpios sobre el césped, y para las tardes tranquilas o las noches de sobremesa, un armario lleno de juegos de mesa para todas las edades
Cuando cae la noche o el día pide quedarse en casa, basta abrir el armario: juegos de preguntas, de mímica, de estrategia y de risas, y otros pensados para los más pequeños. Partidas que reúnen a abuelos, padres y niños en la misma mesa.
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