Casa Guapa es una de las casas de La Virginia, un pequeño pueblo andaluz escondido en la Milla de Oro. Basta cruzar sus calles empedradas para estar, en cinco minutos, frente al mar, entre los hoteles que hicieron leyenda y a un paso del casco antiguo de Marbella y de Puerto Banús.
Ideada por Juan Manuel Figueras y diseñada por el arquitecto Donald Gray, La Virginia recrea un pueblo andaluz a la espalda de Sierra Blanca: unas setenta casas, todas distintas, entre calles empedradas, plazas, fuentes, flores y el sonido del agua.
En los años sesenta y setenta, Marbella se convirtió en el refugio del jet set internacional. Las estrellas de Hollywood y la aristocracia europea pasaban sus veranos en el Marbella Club, y muchos acabaron quedándose. La Virginia nació de aquel espíritu: un pueblo para vivir esa Marbella con calma.
La capilla de Santa Clara fue impulsada por Juan Manuel Figueras y la célebre modelo de Chanel Mimi de Ouro Preto, marquesa d’Arcangues. Sus frescos interiores son obra del pintor Martín Zerolo, que llenó muros y detalles de un aire sacro, melancólico y lírico. Es una capilla privada, sin culto, donde se celebran ceremonias íntimas de bendición, no sacramentales, para grupos reducidos.
La capilla de Santa Clara fue impulsada por Juan Manuel Figueras y la célebre modelo de Chanel Mimi de Ouro Preto, marquesa d’Arcangues. Sus frescos interiores son obra del pintor Martín Zerolo, que llenó muros y detalles de un aire sacro, melancólico y lírico. Es una capilla privada, sin culto, donde se celebran ceremonias íntimas de bendición, no sacramentales, para grupos reducidos.
En el corazón de La Virginia, su restaurante abre solo para cenas durante la temporada alta. Mesas al aire libre entre buganvillas y fachadas encaladas, a unos pasos de casa, para las noches en que no apetece salir del pueblo.
A un lado, el casco antiguo y su vida de siempre; en el centro, la Milla de Oro y los hoteles que hicieron leyenda; al otro, el puerto deportivo más conocido de la Costa del Sol. Entre todos, más de 27 kilómetros de litoral.
Calles encaladas, macetas en los balcones y la Plaza de los Naranjos. Para pasear sin rumbo, tapear y volver a casa al caer la tarde.
A cinco minutos en coche, o a un paseo de 900 metros, esperan sus playas; el Marbella Club, donde empezó la leyenda de Marbella; Puente Romano, con sus jardines junto al mar; y el Gran Meliá Don Pepe, frente al paseo marítimo.
Barcos, tiendas y terrazas frente al agua. El punto de partida para salir a navegar y la Marbella más animada de la noche.